La promesa de la incertidumbre tecnológica

“Todo lo que hay en el Universo se puede

describir desde el punto de vista de la energía”.

Leslie White

La evolución cultural en el devenir de los fenómenos sociales se puede medir con un contador simultáneo llamado energía, cuando White hace uso de este concepto es porque infiere al desarrollo de la energía, desde el punto de vista en la que ésta es aprovechada por el hombre individualmente, luego entonces existen dos variables de interacción codependiente entre “x energía y “y” el aumento de productividad del trabajo humano, lo cual da como resultado una generación de una cultura “z.

Algunos académicos y evolucionistas culturales han manifestado un interés grande en el papel tecnológico de la energía en la evolución cultural. La idea de que las sociedades humanas son de alguna manera organismos, y que lo esencial de éstos, es que toman y procesan energía, y luego la utilizan entre otras cosas para dar como resultado una variable de producción de materia estructurada, instaura entre otros factores una mezcla de cooperación y competitividad. La sutil pero incesante búsqueda de perspectiva e ingenio potencia acciones colectivas de dominio que pueden complementar el aprendizaje social e impulsar las condiciones de adaptación más duraderas.

Al igual que los organismos, las sociedades convierten energía en estructuras materiales, incluso las más sencillas sociedades cazadoras y recolectoras toman energía en forma de comida o bien la emplean para construir chozas. Pero también es cierto que las tecnologías de la energía cambian conforme aumenta la complejidad de las sociedades. La agricultura en su momento reemplazó a la caza y la recolección como fuente de energía humana, se complementó con energía no humana como tal, pero sí viviente (animales) o producida (máquinas de vapor). La constante es que la energía se sigue transformando en estructuras más complejas: iglesias, fábricas, automóviles, computadoras.

Todas las especialidades primordiales en las cuales el ser humano ha desembocado invirtiendo su tiempo y espacio han hecho que estas hazañas materiales tengan un sentido superfluo comparado con las personas mismas, en un sentido menos definido pero innegable, son estructuras. Traducidas éstas por ejemplo a un ejército que avanza, una multitud que levanta, incluso las multinacionales son organizaciones de cuerpos coordinados.

Así como las diversas estructuras de un organismo lo defienden de las fuerzas del caos, algunas estructuras sociales impiden que la sociedad se desintegre; tal es el caso de las escuelas que abastecen a una sociedad de educación y espacio para el aprendizaje, así como los ejércitos que las defienden o las iglesias que propugnan valores morales en torno a la vida espiritual, están ahí para contener la atrofia o las perturbaciones externas.

La comparación de sociedad y organismo debería tomarse con cierta mesura. La utilización de la energía es menos frívola y más coherente y funcional, en un organismo que en una sociedad. Sin embargo, tiene sus ventajas y explica parte de la atención que los evolucionistas culturales han prestado a las tecnologías de energía.

Y es aquí donde recalco la trascendencia de la tecnología de la información y sus alcances, hoy día observamos como la información guía la energía. La información es también directora del entretenimiento en los niveles superiores de complejidad social. Es decir, una de las principales tendencias de la evolución cultural es el aumento gradual de la capacidad para procesar, almacenar y analizar información (Marchenert,1991).

Ante ello surge una cuestión interesante: ¿qué mantiene la cohesión de los sistemas? La clave probablemente es una fuerza, pero en ciencias sociales no hay nombre para ésta, salvo que se le llame solidaridad; pero lo que sí podemos entender es que tanto en las sociedades, en los organismos, en las células, el pegamento mágico es la información; la información es lo que sincroniza las partes del todo y las mantiene en contacto entre sí para que colectivamente impidan la perturbación y la descomposición. La información es lo que permite que la vida cuestione al espíritu (White,1945). La información es lo que dirige a la energía que se necesita para construir muros y reponer las estructuras corrientes que suelen erosionarse sin cesar con el paso del tiempo y las generaciones.

En un mundo donde la red comanda tendencias, formas de poder y hábitos posmodernos socialmente establecidos, valdría la pena mirar con detenido análisis la forma misma de la información que adquirimos.

A veces la necesidad imperante de evaluarlo todo, incluido el mérito de aprender algo es una perniciosa habilidad que se comienza a aplicar antes del aprendizaje transmitido. Cuando el conocimiento está sujeto a proyecciones de negociación política o a la escasez, los procesos de evaluación se vuelven consumistas, intercambiables y con una depreciada función modular al aprendizaje. Cuando el conocimiento se encuentra inserto en un entorno receptor, con un sistema transparente y de conciencia colectiva y autónoma, la evaluación de los conocimientos se vuelve fructífera y efectiva.

Es probable que otras inquietudes se continúen derivando del aumento rápido de la información que nos obstaculizaría tener una visión global de los contextos sociales y educativos, pero en el entorno actual las acciones de convergencia son a menudo cruciales para la elaboración de información fuera de todo nuestro acervo individual, proveernos de capacidades en las que podamos cuestionarnos y describirnos las conexiones o esquemas que contribuyan a modelos de significación colectiva será una habilidad valiosa en la era digital.

El famoso conectivismo, como teoría, retrata un modelo de aprendizaje que seduce a una sociedad en la que el aprendizaje ya no es una actividad únicamente individual; sino que ahora se trata de reconocer el hecho de que todos los modos de aprender y su función se alteran cuando se utilizan nuevas herramientas (Siamens,2004), frente a la visión tradicional de la educación situada como una función de transferencia de expertos a principiantes que determinan el contenido de Maestro-Alumno. Por ello, la idea de introducir la valoración de los educadores dentro del impacto de las nuevas herramientas que la era tecnológica de nuestros tiempos otorgan, al igual como los cambios en el ambiente que propician un nuevo lugar en el aprendizaje, adquiere mayor relevancia.

Y a propósito de ello, hoy cuando la figura del docente comprometido representa más que un símbolo de perpetua constancia, una realidad asequible, vale la pena preguntarnos ¿qué contribuciones en el sentido de la enseñanza profesional, puede el docente aportar al entorno del movimiento sindical en la búsqueda de nuevas condiciones de integración competitiva y los actuales modelos educativos?

Dejamos la respuesta a su imaginación, argumentación y debate.

Raiza Cachón Salazar

Referencias:

  • White Leslie, “Energy and evolution of culture”, 1943, Megazine American antropogyest Vol. 45, University Michigan, 150-159
  • Roig-Vila Rosabel, “Educación y tecnología”, Octaedro, 2016, Barcelona.438-472.
  • Marchenera Herbert D.G. The emergence of cultural complexity on the northern northwest coast” 1991, pgs; 924-934.
  • Siemens George, “Conectivism: A Learning Theory for the Digital Age” , 2004, http://www.elearnspace.org/Articles/connectivism.htm

 

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