Y la educación física, ¿qué?

La trascendencia de la educación física en la configuración del ciudadano, mediante la generación de valores, el reconocimiento del género y la interculturalidad, parecen ser temas ajenos para la sociedad y que, además, rebasan la visión de la propia autoridad pública en la delimitación e implementación del currículo educativo en la materia. De hecho, el tema del deporte, más allá de los impactos que los medios de comunicación hacen de él, principalmente la radio y la televisión en cuanto a futbol soccer, box, básquetbol, futbol americano, tenis y toda aquella disciplina que implique mercado de consumo, no aparece en el imaginario colectivo como una forma de fomento de valores, de cuidado de la salud, de creación de ciudadanía ética y, por ende y aunque suene muy pretencioso, de bases para las competencias de alto rendimiento a nivel estudiantil o amateur.

Esa falta de cultura del deporte nos hace espectadores y críticos, pero solo reflexionamos y exigimos resultados cada cierto periodo -generalmente coincidente con juegos de alta competencia-, haciendo de la crítica el instrumento para pretender transformar los logros deportivos en futuras competencias, sin precisar diagnósticos, ni alcances. En el mejor de los casos, los problemas del deporte de competencia terminan siendo analizados a partir de la falta de apoyos financieros, la ausencia de planes y programas de fomento deportivo o la incapacidad de ciertos dirigentes del deporte nacional. Tal como sucedió en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, donde los resultados en medallas no fueron los esperados por muchos de los aficionados y críticos deportivos, no obstante ser reconocida como una participación extraordinaria por parte de las autoridades del deporte.

Lo anterior, nos lleva a pensar qué está pasando en México y revisar lo que subyace en la base de la organización deportiva nacional y del sistema de educación física que imparte el Estado, y es éste el fundamento que da sustento a la presente reflexión, es el propio Estado mexicano el responsable de la educación pública laica, gratuita, obligatoria y de calidad, que debe fomentar, como mínimo, tres áreas de oportunidad formativa: ciencias, cultura y deporte (ahora bien, con lo sucedido en Nuevo León, incluso se podría incorporar masivamente el aspecto psicológico), para la creación de ciudadanía, la convivencia social pacífica, el cuidado de la salud, el reconocimiento y práctica de las diversas disciplinas deportivas.

El tema de la educación física en México parecería no ser de la misma relevancia que las áreas básicas del conocimiento, entendido por ello a las materias de español y matemáticas, para la autoridad pública, pero tampoco para la exigencia de la sociedad en general; más aún, desde la academia misma parece no ser un tema relevante, pocas investigaciones se presentan en la materia. Valdría la pena revalorar su importancia y trascendencia desde la conformación de ciudadanía y lo que de ella se espera para su impacto deportivo, formativo y de salud.

¿Cuántas horas de clase de educación física se toman a la semana? ¿Son éstas suficientes? Se dice que en el nivel primaria se tiene contemplado un total de 2 horas de educación física de 35 a la semana; en secundaria, 3 horas de 45 a la semana, siempre que sean escuelas de tiempo completo. Pero si se trata de educación secundaria técnica, educación física se imparten sólo 2 horas a la semana, y lo mismo sucede con las primarias y secundarias de jornada amplia, se ofrecen sólo 2 horas a la semana. La situación es más significativa en escuelas de medio tiempo, donde la educación física se ofrece en 1 hora por semana. Si el desarrollo cognitivo del individuo va aparejado del aspecto motriz, evidentemente las horas de clase resultan insuficientes.

La educación física de los mexicanos es una asignatura que se debe revisar y reforzar, como sustento de valores de convivencia, de salud y de fomento del deporte, lo que implica necesariamente de varios procesos: 1) social, que dote de habilidades y hábitos a los educandos, 2) institucional, que eduque y trascienda valores a la población, 3) ético, que aliente el comportamiento justo y 4) legal en sociedad y legal que avale la necesidad y utilidad del deporte.

De dar este paso, estaríamos avanzando en la integración de una auténtica educación integral, sentando las bases para una ciudadanía más responsable, justa y participativa y, por ende, de otro modelo de Estado, más ético y comprometido con los mexicanos.

Pedro San Martín Barrios

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