¿Qué es el clima escolar?

El aprendizaje es un proceso sumamente complejo cuya construcción está influida por múltiples factores intrincadamente relacionados que pueden ser analizados desde distintos niveles que van de lo macro a lo micro. De ahí la diversidad de disciplinas y enfoques que participan en el eterno debate acerca de qué es lo que determina que un alumno presente un mayor rendimiento escolar y cuáles estrategias son las más adecuadas para lograrlo.

El nivel de rendimiento escolar se ha asociado a un complejo entramado de causas que van desde la capacidad cognitiva, el nivel socioeconómico y el contexto familiar del alumno hasta el entorno sociocultural de la escuela, el liderazgo y gestión educativos, el currículo escolar, las estrategias pedagógicas, la organización del aula, el compromiso de la comunidad educativa, el seguimiento y evaluación del aprendizaje, e incluso si existe un sentido de comunidad compartido entre los distintos actores del centro educativo; entre muchas más (Murillo, 2005, citado en Blanco, 2009).

Al respecto, cualquier propuesta que apueste por una única respuesta (por ejemplo, atribuirlo sólo a la cantidad de horas de clases, o al grado de certificación del docente) pecará de un simplismo flagrante por no decir de una tremenda ingenuidad.

Todas estas variables interactúan entre sí y resulta difícil dilucidar el peso que cada una de ellas tiene en el nivel de eficacia escolar que un estudiante consigue. Sin embargo, para fines analíticos y dado que no se puede estudiar todo a la vez, los expertos en tópicos educativos han tenido que desmenuzar dichas variables para poder profundizar en ellas y comprender mejor el fenómeno.

Además, la investigación científica también depende del momento histórico; existen tendencias en los focos de interés de los investigadores las cuales varían de acuerdo a la época, los avances metodológicos y los intereses de la comunidad científica. Gracias a este hecho se entiende, al menos en parte, por qué por ejemplo en un momento determinado los estudios y su difusión parecen girar en torno al “bullying”, mientras que en otra todo se refiere a “competencias”.

De esta manera, en las últimas décadas los estudios en materia de calidad educativa paulatinamente han redirigido su atención a elementos más allá de los propiamente académicos (currículo, estrategias pedagógicas) y han explorado el impacto de los factores contextuales (dentro y fuera de la escuela).

Uno de dichos factores que recobra cierta relevancia en tiempos recientes es el de clima escolar. Se trata de un concepto que se ha puesto de moda en el discurso educativo; inclusive, en el Nuevo Modelo Educativo 2016 se hace alusión a un clima escolar positivo en términos tanto de indicador como de objetivo deseable (SEP, 2016. p. 26, 69). No obstante, como otros conceptos dentro del mismo documento no se específica a que se hace referencia con dicho término

La creación del concepto del clima escolar deriva de una consolidada línea de investigación centrada en otros tipos de organizaciones tanto del sector público como privado en donde se ha analizado el clima laboral (o clima organizacional).

En los sectores no educativos, el clima organizacional se entiende como el conjunto de percepciones, expectativas, creencias y valores que los miembros de una organización comparten sobre los aspectos de la misma, como la estructura, el sistema de sanciones o las relaciones sociales, y la forma en que dicha percepción tiene impacto sobre su motivación (Littwin, 1982, en Fernández, 2004). Es decir, la noción de clima laboral surge del supuesto de que la forma en que las personas perciben e interpretan el contexto en que trabajan influye directamente en su comportamiento y en su desempeño dentro de la organización. El énfasis se coloca en el modo en que se perciben aspectos de la organización y no en la realidad objetiva.

La noción del clima laboral no se reduce a una opinión personal, las percepciones del ambiente deben ser compartidas por las personas dentro de la organización y ser una propiedad relativamente perdurable en el entorno interno de la misma; de manera tal que, aunque el clima laboral se funde en percepciones subjetivas, se tiende a considerar un atributo propio de la organización. Peiro y Prieto (1996, p. 84) lo definen como:

“…una dimensión fundada a partir de las percepciones de las personas, y que tiene existencia en cuanto que hay una visión compartida, extendida en el grupo o la organización, el clima laboral está fundado en un cierto nivel de acuerdo en la forma de percibir el ambiente, si bien no es un constructo individual, sino grupal u organizacional que coincide con la visión sociocognitiva de las organizaciones”.

Utilizando una analogía psicologicista se diría que el clima laboral es a la organización lo que la personalidad es a los individuos (Fernández, 2004), es aquella “atmósfera” o “ambiente” que describen a una organización más allá de la estructura y los mecanismos formales y que permite distinguirla de otras organizaciones.

Se considera al estudio del clima laboral importante porque al predisponer el comportamiento de los trabajadores, se asume entonces que es un factor determinante en el logro de los objetivos de las organizaciones públicas o privadas.  Más allá de la compensación económica y la infraestructura, las cuales son de suma importancia, el ambiente y las relaciones interpersonales en el trabajo tienen un importante peso en el desempeño del trabajador. Las personas que se encuentran a gusto donde laboran están más implicados y comprometidos con la organización y por lo tanto son más productivos.

Partiendo de dicha premisa, se ha intentado extrapolar la noción de clima laboral a los centros educativos con la intención de generar ambientes positivos que promuevan el aprendizaje del alumnado. En este contexto se emplea el término específico de clima escolar teniendo en claro que, aunque las escuelas también son organizaciones, éstas presentan aspectos particulares muy distintos a cualquier otro tipo de organizaciones, como por ejemplo las empresariales. Como mencionan López, Bilbao, Ascorra, Moya y Morales (2014) los espacios informales juegan un papel importante en las escuelas, en ellos se llevan muchos aspectos organizativos (relaciones interpersonales, relaciones de poder, normas implícitas) que funcionan de manera paralela a la estructura jerárquica, sin mencionar que, a diferencia de otras organizaciones, en las escuelas se cuenta además de los trabajadores a los estudiantes y a los padres de familia. Por lo tanto, el clima escolar se concibe y evalúa a través de dimensiones diferentes a las utilizadas en la noción de clima laboral.

Así, se define al clima escolar como “las percepciones y valores que los miembros de un establecimiento educacional construyen de este y de las relaciones que en él se dan (López, Bilbao, Ascorra, Moya y Morales, 2014).” La postura del clima escolar propone que el proceso de aprendizaje, así como la eficacia escolar es influido por las normas que regulan las interacciones interpersonales, las creencias compartidas y el tipo y profundidad de los vínculos emocionales entre los integrantes de la escuela.

El clima escolar es un concepto multidimensional. Las dimensiones de las cuales se compone varían según enfoque teórico, sin embargo, es posible distinguir algunas consideradas frecuentemente en los estudios:

  1. Cultura: Se refiere a las expectativas, valores y creencias compartidas sobre la misión y sentido de la escuela. Por ejemplo, se puede tener la idea compartida de que la escuela funciona de tal manera porque “siempre se han hecho las cosas así” o porque “la vocación del maestro lo exige”. O, al contrario, en lugar de apelar a la tradición se puede compartir una misión y visión de la escuela según un consenso reflexionado abiertamente sobre un proyecto educativo.
  2. Grupalidad: Se entiende como la fuerza de los lazos sociales entre directores y maestros; entre maestros, alumnos y padres. Se refleja en las actitudes de cooperación, reciprocidad y solidaridad. Ejemplos de ello son las relaciones de amistad y compañerismo entre maestros, el apoyo y asesoramiento técnico pedagógicos, la amistad y el compañerismo entre alumnos, etc.

    La grupalidad incluye una subdimensión importante conocida como “ética del cuidado del otro” cuyo contenido se refiere a la disposición de la planta docente y los directivos a responsabilizarse y velar por los alumnos no sólo en términos académicos sino también en cuestiones morales y de valores, concibiendo al alumno como una persona y no sólo como un “cliente” o “problema a resolver”. El que los alumnos reciban apoyo por parte de los adultos en la escuela impacta en su bienestar y favorece relaciones de confianza y compromiso hacia la escuela. De igual manera se buscar promover valores de buen trato, compañerismo y respecto entre alumnos en la convivencia diaria.

  3. Sentido de afiliación: Referida al sentido de pertenencia que tienen los maestros o los alumnos a la escuela, la cual se vincula al grado de aceptación y reconocimiento que la persona siente por parte de los otros maestros, superiores o alumnos.
  4. Motivación: la gratificación de los integrantes de la institución respecto a la satisfacción y el logro de objetivos. Se relaciona con la evaluación que el maestro hace de su propia tarea, de su vocación, asimismo con la expectativa social que se ejerce sobre su labor y con el reconocimiento que recibe de su trabajo. También interviene el grado de compromiso que el docente asume con el aprendizaje de sus estudiantes. Otros indicadores son la motivación en lo concerniente a las posibilidades de desarrollo profesional que el maestro tenga en la escuela, la voluntad del docente de permanecer en la escuela, aún sobre la oportunidad de cambiarse.
  5. Participación: Fomentar la participación de los miembros de las instituciones (maestros y alumnos) en la toma de decisión en asuntos escolares aumenta el nivel de compromiso con la escuela. En el caso de los estudiantes se ha visto que incluirlo en el diseño de estrategias para reducir la violencia escolar (lo cual indica un clima escolar negativo) en efecto la reduce, además que genera mayor involucramiento con sus procesos de aprendizaje.

Como se puede observar el clima escolar es un concepto que engloba a su vez muchos tópicos. Los estudios que se han aproximado han buscado evaluar las percepciones de los alumnos, maestros y directivos (en conjunto o por separado) respecto a las dimensiones anteriormente mencionadas y si estas inciden en la eficacia escolar del alumnado. Sin embargo, hasta ahora los resultados no han sido concluyentes.

Mientras que las investigaciones avanzan al respecto, autores como Landeros y Chávez (2014) y desde la propia SEP (2016) promueven actualmente el concepto de clima escolar en términos de mejorar la convivencia en la escuela y reducir la violencia en este contexto. Se espera que se proporcione un impulso mayor a un tema tan importante que ayude a caracterizar, describir y comprender las concepciones que se tienen de la organización escolar y sus complejas relaciones sociales en su interior desde la visión de los actores que las crean, las sostienen y por lo tanto a quienes más les compete: los docentes, directivos y alumnos.

El reciente hecho trágico sucedido en Nuevo León debe abonar a que la autoridad educativa reconozca las necesidades socioeconómicas y culturales que privan en el entorno académico y desde el sindicato se deberán impulsar los mecanismos para conocer y ubicar algunos de los problemas profesionales y laborales que se presentan en el contexto escolar, desde el docente y directivos, para un mayor reconocimiento y retroalimentación con el educando.

Diana Victoria Ayala Aguilar

Referencias:

Blanco, E. (2009). Eficacia escolar y clima organizacional: apuntes para una investigación de procesos escolares. Estudios sociológicos, 27(80), p.671-694.

Fernández, T. (2004). Clima organizacional en las escuelas: un enfoque comparativo para México y uruguay. REICE, 2(2), p.43-66.

López, V., Bilbao, M., Ascorra, P. Moya, I. y Morales, M. (2014). Escala de Clima escolar: adaptación al español y validación en estudiantes chilenos. Univ. Psychol.13 (3), p.1111-1122.

Landeros, L. y Chávez, C. (2015). Convivencia y disciplina en la escuela: Análisis de reglamentos escolares de México. INEE. Recuperado de http://publicaciones.inee.edu.mx/buscadorPub/P1/C/232/P1C232.pdf

OREALC/UNESCO y LLECE (2013). Análisis del Clima escolar ¿Poderoso factor que explica el aprendizaje en América Latina y el Caribe? Santiago: OREALC/UNESCO y LLECE.

SEP (2016). El Modelo Educativo: el planteamiento pedagógico de la Reforma Educativa. Recuperado de https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/114501/Modelo_Educativo_2016.pdf.

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