Conocimiento libre, la necesidad de democratizar el saber

La propiedad privada, refiriéndose a los medios de producción no a la propiedad personal o bienes de consumo individuales- no es un concepto tan antiguo como se cree comúnmente, es hasta el sistema feudal en que se distingue, periodo histórico en el que los monarcas y la iglesia poseían, disfrutaban y empleaban grandes extensiones de tierra. Más aún, fue hasta la revolución industrial (segunda mitad del siglo XVIII) que ésta se erigió como forma predominante de propiedad, empoderando a la naciente burguesía y enfrentándola a quienes ostentaban el poder político y el monopolio de los bienes.

Hasta aquí es fácil comprender como los bienes materiales han sido un permanente conflicto en la historia de la humanidad: poseedores y desposeídos, propietario y trabajador, amos y subordinados, pero ¿qué ha sido de los bienes inmateriales?, ¿a quién le pertenece el conocimiento?

Durante mucho tiempo se asumió que todo conocimiento era un bien común, parte del desarrollo de las sociedades, sin embargo, con la sociedad mercantil también la producción intelectual comenzó a ser reclamada, fenómeno que se incrementó paulatinamente y que ha dado pie a lo que en la actualidad algunos estudiosos del tema llaman “el peligro del cercamiento al conocimiento generado como humanidad”.[1]

La explicación más plausible sobre la génesis de la propiedad intelectual y del conocimiento está relacionada con el valor y el poder que se observó se podía ejercer mediante su posesión, ya fuera en términos económicos o sociales. Su utilidad, su papel en el mercado y su eficacia como instrumento de control político no sólo se impuso a la idea del conocimiento colectivo, sino que pareció ganarle la batalla y el conocimiento se vistió con el ropaje del dinero como fuente de poder.

La contradicción intrínseca en este fenómeno (entre el carácter público del conocimiento y su apropiación privada), dio paso a la generación de una serie de mecanismos para regularlo, tales como el derecho de autor, la propiedad intelectual, la propiedad industrial, las patentes y el copyright. Aquí cabe señalar que los primeros sistemas de patentes se dieron en Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

fecha

Fuente: Sáiz González, Patricio (1999). Invención, patentes e innovación en la España contemporánea. Ministerio de industria y energía. España. Consultado en: http://www.academia.edu/2703613/Invenci%C3%B3n_patentes_e_innovaci%C3%B3n_en_la_Espa%C3%B1a_Contempor%C3%A1nea

Sin embargo, el debate respecto a esta propiedad lejos de resolverse se ha enconado, ya que la propiedad no necesariamente ha ido acompañada de un código ético y que existen casos en los que incluso la vida ha sido patentada (ejemplo de ello son los medicamentos, el material genético y las semillas).

Ante este cuadro de información, es pertinente preguntarse y considerar ¿si existe actualmente la necesidad de democratizar el conocimiento?

En una aproximación, que solo es un bosquejo, podemos señalar que sí, se han generado una serie de movimientos pugnando por el libre acceso a las fuentes, bajo la premisa de que la información y el conocimiento deben ser libres, ya que todo saber ha sido creado de manera colectiva. Si bien ésta es una propuesta que debe leerse con cautela, y quizá no pueda aplicarse indiscriminadamente a todas las áreas del conocimiento, es un recordatorio de que el conocimiento siempre ha sido construido de manera colectiva, que nada está dado y que nuestros actuales aportes están cimentados en los conocimientos de quienes nos antecedieron. Además de poner de manifiesto que en muchos lugares los conocimientos parecen secuestrados por la economía y las necesidades del mercado, y que lejos de promover, obstaculizan el pleno desarrollo del ser humano.

Por lo pronto, una tarea seria está en apostar a la democratización del conocimiento, para que las ideas circulen sin traba, bajo la premisa de que las ideas no le pertenecen a nadie, son patrimonio de la humanidad y deben ser compartidas de forma responsable, sin que por ello se desconozca u omita a su autor o autores.

Apostemos pues a que nuestro pensamiento se sume a la lumbrera del pensamiento humano y que se mantenga abierto el mundo del conocimiento.

Libertad Astrid Ramos González

[1] Claudio Gutiérrez G. Departamento de Ciencias de la Computación, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile.

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