La justicia como eje rector de la formación educativa en México

Con la reforma al artículo 3° constitucional, se modificó también su ley reglamentaria, lo que fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 1° de junio de 2016[i]. Como consecuencia, la Ley General de Educación establece actualmente en su artículo 7°, fracción VI que la educación deberá promover el valor de la justicia, de la observancia de la ley y de la igualdad de los individuos ante ésta, propiciar la cultura de la legalidad, de la inclusión y la no discriminación, de la paz y la no violencia en cualquier tipo de sus manifestaciones, así como el conocimiento de los derechos humanos y el respeto a los mismos. Es decir, la educación pública está obligada a inculcar la ética en el comportamiento individual para lograr la convivencia humana inclusiva, desarrollo armónico social e individual para identificarse como una nación mexicana inclusiva y justa.

Para aspirar a comportamientos humanos justos, equitativos, incluyentes y pacíficos (éticos) se requiere de una guía moral en la vida de quienes comparten e imparten la educación, pero también de todos quienes conforman México. En el país hay muchos maestros éticamente ejemplares, pero la sociedad mexicana atraviesa por una crisis sistémica-social que se refleja en varios niveles: una institución del Ministerio Público (MP) que monopoliza la acción penal y ante su incapacidad diluye la creencia ciudadana en la justicia penal; impunidad de casi el  99%[ii], cifras de 2007; una clase política atrapada generalmente en rumores y prácticas de corrupción; un sistema penitenciario plagado de fallas, corrupción en todas sus modalidades y una cultura dominante del abuso, por mencionar algunos casos representativos del México social actual.

Lo que le falta a la sociedad mexicana es cultivar y contagiar el ejemplo ético, hacer y ser conforme dicta el respeto a la dignidad humana. Así y sólo así se puede aspirar a formar un valor social como la justicia. Sin ética no hay justicia. La justicia en el campo ético significa una obligación moral colectiva. Los mexicanos necesitamos una formación ética sistémica que nos permita superar la cultura del abuso y posteriormente aspirar a conformar una identidad nacional no discriminatoria, incluyente, pacífica, justa, meritocrática: democrática con su cultura de la legalidad bien afianzada.

Los tiempos de la posmodernidad lo demandan, las relaciones sociales son cada vez menos estables, menos confiables, más cambiantes, la gente más voluble e impaciente, la tecnología más deshumanizante. En un contexto así, es de esperar nulo o poco compromiso del sujeto con su sociedad o con el otro. Por eso, actualmente para los mexicanos es relevante la ética, para superar esa aparente sociabilidad incierta, basado en comportamientos cortoplacistas “libres”-culturales-existenciales.

La ética no es coactiva, a diferencia del Derecho, pero sí efectiva para establecer comportamientos socialmente deseables. No impone sanciones legales o normativas, pero establece los códigos deontológicos (deberes) que regulan una actividad profesional, por ejemplo, o la vida misma en sociedad; tiene una parte que se conoce como “ética normativa”[iii] y supone una serie de principios y reglas obligatorias, que podría derivar en código jurídico, pero ciertamente las responsabilidades u obligaciones implican un código ético de comportamiento humano.

Entonces, si en el segundo párrafo del artículo 3° constitucional mexicano se establece que la educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y en el inciso c) de este mismo artículo, que la educación contribuirá a mejorar la convivencia humana, entonces se necesitaría de un sistema ético de valores que se reproduzca socialmente y especialmente en el campo de la educación, de otro modo la justicia y el humanismo al que se aspira extender en los mexicanos será mera aspiración y menos un proyecto de nación. Lo fundamental es la ética y la justicia como principios generadores de dinámicas humanas para lograr la comunicación del conocimiento. Después, educar con el ejemplo ético y actuar sin perder de vista la justicia como fin último, y no apartarse del análisis ético para no perder el rumbo hacia la justicia.

El respeto y aprecio por la dignidad de la persona, la convivencia pacífica, la integridad de la familia, el bien común de la sociedad, la igualdad de derechos evitando: privilegios, fanatismos, prejuicios y servidumbres, así como evitar la ignorancia y sus efectos, que retan constitucionalmente a la sociedad mexicana, sólo podrán ser vistos como un fin evidente y culturalmente realizable cuando la educación gire en torno al comportamiento ético de los educandos y mexicanos en general. La materialización del tercero constitucional mexicano sólo puede lograrse si los mexicanos aspiran culturalmente a la obtención de justicia como fundamento social y valor en sí mismo, y a partir de ahí propagarla en la colectividad.

Emmanuel Josafath Mendoza Gómez

[i] Ley General de Educación, consultado en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/ref/lge/LGE_ref32_01jun16.pdf

[ii] Consultado en http://mexicoevalua.org/2010/12/12/siis-sistema-de-indices-e-indicadores-en-seguridad-publica/, el 8 de septiembre de 2016.

[iii] Parte de la ética que intenta formular principios generales que justifiquen los sistemas normativos, reflexiona sobre lo que es moralmente correcto y por qué.

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