La violencia de alumnos hacia los maestros.

La presencia de violencia en el contexto escolar es un fenómeno que ha llamado la atención de especialistas y la sociedad en general durante las últimas décadas.  Aunque no es un tema nuevo, la creciente incidencia de comportamientos violentos en el interior de los centros educativos ha alarmado tanto a autoridades educativas como a gremios magisteriales, quienes han promovido propuestas y protocolos para su erradicación.

En la investigación Disciplina, Violencia y consumo de sustancias en escuelas primarias y secundarias de México, (Aguilera, Muñoz y Orozco, 2007) editada por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), se ofrece la definición de Funk (1997) sobre violencia escolar, siendo aquella que “…abarca todo el espectro de actividades y acciones que causan dolor o lesiones físicas o psíquicas a las personas que actúan en el ámbito escolar o que persiguen dañar los objetos que se encuentran en dicho ámbito.” (p. 24).

Los comportamientos que se engloban en dicho concepto son: el vandalismo escolar (daño a propiedad), la disrupción en las aulas, problemas de disciplina relacionados con conflictos entre profesores y alumnos, la violencia física, el acoso sexual y el acoso escolar (bullying). (Aguilera, Muñoz y Orozco, 2007).

Al ser la escuela un lugar donde se establecen interacciones interpersonales entre múltiples actores, los conflictos y las situaciones violentas pueden manifestarse en cada una de ellas. La violencia puede ocurrir entre: 1) alumnos; 2) alumnos y docentes o autoridades educativas; 3) padres (o tutores) y docentes/ autoridades educativas; 4) padres y alumnos y 5) personal del centro educativo

La preocupación de los medios de comunicación y la investigación científica se ha centrado en la agresión que ocurre entre alumnos, marginando de su agenda otras manifestaciones de igual importancia, pero que suelen permanecer en silencio. Una de ellas es la violencia ejercida contra el docente por parte del alumnado, una realidad cotidiana bien conocida por los profesores, pero que pocas veces se coloca en el centro del debate público.

Esta situación ha sido tratada en diferentes partes del mundo desde hace varios años. En algunos países como Estados Unidos, la violencia contra profesores es tan común pero tan poco reconocida que algunos especialistas educativos la han llamado la “crisis nacional silenciosa” (APA, 2016), basados en diversas encuestas cuyos resultados exponen la magnitud de la problemática. Por ejemplo, en una investigación del 2011 al 2012, el Departamento de Educación (APA, 2016) reportó que alrededor del 20% de los maestros de escuelas públicas habían recibido violencia verbal, el 10% fueron amenazados físicamente y el 5% fueron víctimas de ataques físicos en las escuelas. De la totalidad de la muestra, el 80% había sido victimizado al menos una vez durante el último año escolar y alrededor de 209,800 profesores fueron atacados físicamente por un estudiante. En algunos casos dichos ataques han consistido en golpizas (Nelson, 2016).

Asimismo, el sindicato estadounidense Asociación Nacional de Educación (NEA por sus siglas en inglés), señaló que, de los casos de hostigamiento padecidos por maestros, el 30% fue perpetrado por un estudiante (Bradshaw, Sawyer y O`Brennan, 2007).

Resultados semejantes han sido encontrados en otras regiones del mundo. En un estudio irlandés el 28% de los estudiantes admitieron acosar a los maestros. Las agresiones implicaron conductas disruptivas persistentes y de insubordinación, lo cual puede generar daño emocional y físico al maestro (citado en Bradshaw & Figiel, 2012). En Canadá, sindicatos magisteriales se unieron para realizar una gran encuesta que explorara la incidencia de la violencia contra el maestro, donde encontraron que el 87% de los profesores evaluados había sido acosado por un estudiante. De tal manera, el alumnado constituyó la fuente principal de violencia contra los profesores en la escuela, seguido por los padres de familia, los directivos y los compañeros (OSSTF, ETFO & OECTA, 2005).

En ese mismo estudio, dichas agresiones se habían manifestado por disrupciones de clase, comportamiento irrespetuoso (82%), vandalismo de las propiedades personales del maestro (41%) y amenazas o asaltos físicos en más de una ocasión (27%) (OSSTF, ETFO & OECTA, 2005).

En México, la situación que se ha descrito es bien conocida (y sufrida en carne propia) por la mayoría de los maestros de educación básica. Pocos son los que no han padecido o atestiguado casos donde los estudiantes se burlan de ellos, les gritan, insultan, humillan, ponen apodos o hasta les amenazan. De acuerdo con el INEE, en primaria el 10.2% de alumnos en escuelas públicas y el 18.4% de escuelas privadas han recibido sanciones por faltar al respeto a los maestros. La cifra es mayor a nivel secundaria donde el 12.7% de estudiantes del sector público y el 22.9% de instituciones privadas han sido sancionados por la misma razón.

En un estudio realizado a partir de entrevistas a maestros de secundarias públicas y privadas en Colima Nashiki (2014), se pudo caracterizar las manifestaciones concretas de la violencia sobre esta población y la forma como los maestros se enfrentan a ellas. Entre sus resultados, se obtuvo que un estudiante al ejercer violencia contra el profesor lo que hace es desafiar su autoridad, desestabilizar el control en el aula y conseguir cierta legitimidad entre sus compañeros, para conseguir tal objetivo el alumnado lleva a cabo diferentes estrategias. Una de ellas es la emisión persistente de actitudes y conductas que pongan en entredicho la labor de enseñanza del docente.

En este sentido, las actitudes del alumno no pretenden cuestionar los conocimientos del profesor sobre su materia o demostrarle que sabe más que él; más bien están encaminadas a hacerle dudar de su competencia pedagógica (“no se le entiende” o “no sabe enseñar”) o a evidenciar su falta de control sobre el grupo. Esto se puede observar a través del desorden y las múltiples disrupciones en el aula en ocasiones llevadas a cabo de manera colectiva por los estudiantes (contradecir una indicación del profesor, ignorarle).

Otra manera en restarle autoridad al maestro es incidir sobre su prestigio personal y profesional. Esto ocurre en el contexto de lo informal donde se le ridiculiza poniéndolo apodos, se burlan de él o se difunden rumores estigmatizantes acerca de su persona. Las manifestaciones más directas de violencia son los insultos, el uso de lenguaje de doble sentido (albures) y múltiples comentarios sexuales, sobre todo en el caso de profesoras.

De manera particular resalta el resultado obtenido en sector privado, ya que al parecer el contexto socioeconómico de donde proceden los alumnos se relaciona con la creencia de que el pagar colegiatura les concede el derecho de ser indisciplinados y agredir a los maestros como parte del servicio que sus padres están costeando. Este tipo de alumnos sienten cierta inmunidad sobre su comportamiento por la posibilidad de cambiar de escuela si la situación lo requiere.

Aquí vale la pena hacer un punto de reflexión, ¿por qué el profesor no actúa al respecto? ¿por qué prefiere permanecer pasivo? En una primera instancia podría parecer absurdo que un adulto preparado que funge como figura de autoridad en el contexto escolar sea colocado en una posición desventajosa respectos a niños y adolescentes, muchas personas que no están familiarizadas con el tema pensarían “¿qué no se puede defender sólo?”. Sin embargo, la situación es más complicada de lo que parece.

Por una parte, los alumnos sobrepasan en número al profesor, lo que les da cierta ventaja en trabajar colectivamente para actuar en contra. Por otra, se olvida que los docentes tienen que rendir cuentas a sus directivos, a los padres de familia y otras autoridades educativas por cualquier cosa que llegue a ocurrirles a sus pupilos en la escuela. Por lo tanto, es el maestro quien tiene mucho más que perder si se engancha en una lucha de poder con el alumno agresor. El docente teme ser reprendido o enfrentar consecuencias legales en caso de responder a las provocaciones.

También los maestros optan por el silencio, debido a la vergüenza que les provoca el reconocimiento de la agresión; denunciar lo que ocurre sienten que sería mostrar incompetencia en su trabajo y aumentar la sensación de humillación, máxime si no se cuenta con el apoyo de los directivos y padres de familia.

En este breve reconocimiento de la problemática que emana la violencia del alumno hacia los maestros, como una realidad cotidiana pobremente reconocida de manera pública, resulta conveniente que las autoridades educativas y la representación sindical desarrollen protocolos y estrategias que protejan al personal docente de situaciones que amenacen su integridad física y psicológica.

Un primer paso es el desarrollo de estudios que permitan hacer un diagnóstico más profundo de la problemática. La importancia de gestionar investigaciones al respecto y la consecuente participación de los maestros en ellas es que permiten que esta realidad transcienda las pláticas en las salas de profesores o las quejas con los seres queridos para que pueda ser compartido y reconocido con la sociedad en general.

Diana V. Ayala

Referencias:

 

Aguilera, M., Muñoz, G., y Orozco, A. (2007). Disciplina, violencia y consumo de sustancias nocivas a la salud en escuelas primarias y secundarias de México. INEE. Recuperado de http://www.inee.edu.mx/images/stories/Publicaciones/Recursosyprocesos/Disciplina/Partes/disciplina01a.pdf

APA (2016). A silent national crisis: Violence against teachers. Recuperado de http://www.apa.org/education/k12/teacher-victimization.pdf

Bradshaw, C. y Figiel, K. (2012). Prevention and Intervention of Workplace Bullying in schools: A report prepared for the National education Association.  Washington: NEA. Recuperado de http://www.nea.org/assets/docs/Workplace-Bullying-Report.pdf

Bradshaw, C., Sawyer, A. y O`Brennan, L. (2007). Bullying and peer victimization at school: perceptual differences between students and school staff. School Psychology review, 36 (3), 361-382.

Funk, Walter (1997). Violencia escolar en Alemania. Estado del Arte. Revista de Educación. España, Madrid: INECSE, 317, 53-77

Nashiki, A. (2015). La violencia de alumnos hacia maestros en escuelas secundarias de Colima, México. Pensamiento Educativo. Revista de Investigación Educacional lationoamericana, 51 (2), 19-34.

Nelson, P. (2015 ). Student-on teacher violence: A proposed solution. Brigham Young University Education and Law Journal, 2016 (2), 309-323.

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