Sobre lo Políticamente Correcto

Tratar de asir o hablar de un tema como la corrección política, resulta una tarea complicada por donde se le viere: desde su nebuloso nacimiento, hasta las diversas formas que la misma corrección política ha tomado en diversos contextos, sean estos políticos, culturales e incluso de lenguaje, con lo cual, el tema se vuelve digno de un análisis sociológico atravesado por otras disciplinas, como la filosofía o la ciencia política tradicional.

Lo que busca este pequeño escrito es ver y analizar la influencia que tiene dicha corrección dentro de las actividades de la política institucional apegada a la democracia dentro de un sistema liberal y capitalista. ¿Por qué este contexto en específico? Por principio de cuentas, por qué la corrección política ha sido adoptada por el aparato ideológico occidental, como una herramienta de control, afinación y (supuesta) inclusión social, sin embargo, existen muchas trampas y dobles nudos dentro del desarrollo que ha tenido lo políticamente correcto, pues el sistema referido, lo ha adaptado como un concepto que, bajo el halo de lo correcto, de lo que se debe hacer, de lo que resulta (bajo ciertas lógicas) incuestionable, simplemente sirve como un tapón para problemas realmente vitales o como caldo de cultivo para la abolición de nuevas ideas y/o argumentos, al ser complaciente en términos de la inclusión.

¿Cómo nace la corrección política? Determinar un punto exacto de génesis de este concepto resulta una tarea complicada y borrosa, puesto que el mismo ha mutado con el tiempo y  cuenta, incluso, con diferentes acepciones según el terreno, contexto o espacio donde se utilice. Sin embargo, existe una especie de unanimidad al respecto de su origen.
Como señala el autor Edward Stourton en su libro It’s a PC World (Un Mundo Políticamente Correcto), hacer un intento de definición del término resulta “…como tratar de escribir una historia neutral sobre Oriente Próximo”. A pesar de lo anterior, Stourton coincide con la mayoría de los estudiosos del tema: todo indica que el término fue utilizado por primera vez por el aparato político-ideológico chino encabezado por Mao Tse-Tung, al auto definir a sus ideales como los únicos correctos, es decir, otorgarle una carga valorativa positiva a todo aquello que pudiera quedar inmerso bajo los ideales marxistas-leninistas a los cuales se ceñía el gobierno maoísta. Todo aquello que no se ciñera a dicho perfil socio-político, era considerado desviacionista o revisionista. En Estados Unidos, el término se hizo popular en dos momentos particulares en el tiempo, a saber: durante la Gran Depresión de 1929, y con afán crítico, todo comunista estadounidense utilizaba la palabra con la misma acepción otorgada por Mao. Sin embargo, se cree que desde esa primera incursión en los Estados Unidos, se utilizaba la palabra en tono burlón contra aquellos que resultaban excesivamente ortodoxos y de una pureza ideológica enfermiza.
El segundo momento histórico donde el concepto tuvo auge (y que para muchos resulta el verdadero arranque de la popularidad de lo políticamente correcto) ocurrió durante los años setenta. Primero, gracias a la masificación que obtuvo la obra  El Libro Rojo de Mao, la idea resultaba progresista y de vanguardia: refundar los valores políticos de un Estados Unidos que no podía sostener por más tiempo el sueño americano y debía dar paso a una nueva forma de accionar y gobernar político.
En segundo lugar, se cita a la organización feminista y pro-derechos civiles National Organization for Women (NOW por sus siglas en inglés), quienes durante una conferencia dada en el año 1975, señalaron que su organización se movía al fin en una dirección El término creció en popularidad hasta los años ochenta, década en donde se transformó en un concepto peyorativo dentro del propio feminismo, pues se acusaba de ser políticamente correctas a todas aquellas feministas de postura radical, por ejemplo, a las denominadas antipornógrafas quienes condenaban las prácticas sexuales de otras mujeres, como pueden ser el masoquismo, ya que lo consideraban un simbolismo del sometimiento femenino frente al hombre, con lo que se mostraban las primeras contradicciones de lo políticamente correcto.

Cabe señalar que otro movimiento social que impulsó de manera definitiva este concepto de lo correcto en materia política, fue aquel que tuvo que ver con los derechos civiles de la gente negra en los Estados Unidos. Si atamos los cabos, nos damos cuenta que la corrección política es utilizada por un par de grupos marginados por el grueso social, en este caso en específico, las mujeres y la gente negra. Aquí resulta puntual entender un concepto fundamental: el multiculturalismo. Sin esta idea, sería impensable concebir o analizar el desarrollo que tuvo la corrección política desde los años setenta en adelante. La multiculturalidad cabe perfecto en un país como los Estados Unidos: se trata de un país lleno de diversas razas, etnias y costumbres, ergo, de culturas múltiples que coexisten bajo un mismo espacio y tiempo. A pesar de lo anterior, la historia de nuestros vecinos del norte está plagada de ideas racistas, xenofóbicas, segregacionistas, clasistas y un largo y oscuro etcétera, dada la superioridad, tanto numérica como de poder (ya sea económico, político y/o social) de la raza blanca. Es por ello que durante las agitadas y políticas décadas de los años sesenta-setenta y hasta principios de los ochenta, lo políticamente correcto resultaba de una popularidad apabullante: se trataba de ir contracorriente el gran sistema estadounidense para incluir a las minorías, es decir, a los grupos segregados, para con ello, también combatir y erradicar todos los males cometidos por el grueso de la población sajona, los cuales ya fueron enumerados en líneas anteriores. Y si bien en un principio la idea resultaba funcional y (perdone la redundancia) correcta, la radicalidad de la misma generó dos cosas: que lo políticamente correcto adquiriera una adjetivación negativa, así como le otorgó posibilidades a la política de derecha para atacar con suma facilidad las ideas de integración y coexistencia. Como ya lo vimos, los primero vicios ocurrieron en el campo del feminismo más ortodoxo, fenómeno que se repetiría en otros movimientos o causas sociales: por su naturaleza de ir contra lo establecido, su radicalidad ha transformado a lo políticamente correcto en una idea que muchos confunden con el fascismo ideológico, es decir, que lo políticamente correcto se ha convertido hoy en una especie de dictadura de lo que se debe hacer, un dogma de lo que para unos es bueno y que no da lugar a espacios: o se es blanco o se es negro, pero si uno no se ciñe a lo que dicte la mayoría como lo “correcto”, se corre el riesgo de ser señalado, vilipendiado y hasta agredido. Resulta complejo entender como una idea que tuvo su génesis en un momento histórico en el cual se abogaba por la inclusión de las minorías, por la aceptación de una diversidad cultural, política y social, ha dado la vuelta sobre sí misma hasta morderse la cola. Hoy lo políticamente correcto es señalado por muchos como una dictadura de lo “bueno”, y quien no comulgue con ello, es sujeto a crítica y diatriba. Eso ha generado lo que varios estudiosos llaman getización, concepto que refiere al refugio que los sujetos han encontrado en las minorías, como una especie de auto separación en pequeñas tribus, sin poder encontrar un punto donde los intereses generales puedan tener un peso mayor que los particulares. Resulta, por tanto, extremadamente fácil para todo crítico de la corrección política, señalar su principal error: se ha convertido en una herramienta de censura, de persecución, de cacería de brujas, que coarta la libertad de expresión y ha alcanzado niveles ridículos y exagerados en su aplicación. Para las alas más feroces de la derecha, lo políticamente correcto sólo es la máscara que utiliza la izquierda para mostrar su lado intolerante.
Todo esto ha repercutido hasta nuestros días, donde la corrección política existe en varios y diversos ámbitos, con los mismos vicios y bondades que ha tenido, al parecer, desde su génesis

One comment

  1. Reblogged this on Periodico "El Villanotas De Comondu" and commented:
    OPINION DE VILLANOTAS.-ES POLITICAMENTE CORRECTO OBRAR EL ESTADO O EL MANDATARIO PARA CAUSAR EL MAYOR BIEN POSIBLE MEDINANTE LA APLICACION DE LA LEY Y LAS INSTITUCIONES…EL CIUDADANO Y LA SOCIEDAD JUSTIFICAN LO POLITICAMENTE CORRECTO CUANDO LA MEDIDA RESPETA,ACRECENTA,FORTALECE SU BIENESTAR,DIGASE PATRIMONIAL,MORAL,SOCIAL…ES INCORRECTO TODO LO QUE LESIONA SU VIDA EN L MALA FE Y LE CAUSA AGRAVIOS-EL ESTADO NO TIENE DERECHO A SER OPRSOR DEL CIUDADANO,LA POLITICA SE BASA EN LOS ALTOS VALORES DE LOS SISTEMAS DE GOBIERNO Y LO CORRECTO EN LOS MAS ALTOS VALORES HUMANOS.

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