La voz en el docente

Para el docente una de sus tantas herramientas en el proceso de la enseñanza y quizá la más importante, es la voz. Por lo cual, el conocimiento y uso apropiado de lo misma es fundamental. A menudo, estos profesionales ignoran el mecanismo y funciones del sistema fonador, y lo hacen trabajar sin las preocupaciones y cautelas que les evitaría más de un problema.

Dentro de las problemáticas en la voz en los docentes, las más comunes son: la disfonía,  ronquera y voz cansada. Entendemos por disfonía la alteración de la voz en cualquier de sus cualidades, intensidades, tono, timbre y duración.

Lo interesante es que pese a la importancia y  la alta incidencia que tiene entre los maestros los problemas de voz, no exista de manera regular dentro de la preparación de los docentes en sus Normales directrices educativas que tomen la tarea de la educación vocal. Sería fundamental que en los planes de estudio para el magisterio se pudiera acceder a dicha formación que vaya a la par del aspecto pedagógico, primero para  disminuir la disfonía en maestros y segundo,  capacitaría al docente para reconocer posibles trastornos de la voz que pudieran presentar sus alumnos.

Tener este conocimiento como parte nodal de la preparación del docente resulta de suma importancia, no sólo por los problemas antes mencionados, sino también porque facilitaría su quehacer diario. El maestro en un día normal pasa de seis a ocho horas frente a grupo, de manera frecuente cambia de aula y de grupos con diferentes niveles educativos, lo que lo obliga a tener un uso variado de su tono de voz. También influyen   los ambientes ruidosos, el clima, el polvo de la tiza o las malas condiciones estructurales de las aulas, que es una constante, lamentablemente en nuestro país. Es por eso que a lo largo del día el maestro puede sentir deteriorada su voz, notando que pierde potencia y claridad, lo que puede dar como resultado un fracaso en la transmisión de conocimientos a  los alumnos, lo que deviene en un aumento en los niveles de estrés, que ya de por si es alto en el sector docente.

En distintos países de habla hispana como Argentina, Chile y España, las autoridades educativas han adoptado distintos mecanismos para prevenir el uso inadecuado de la voz en los docentes, con lo cual buscan  evitar los numerosos casos de disfonía y por ende reducir el ausentismo laboral por esta razón. De hecho, en España, la Universidad de La Salle cuenta con un Centro de Intervención del Lenguaje (CIL), que señala los errores más comunes de los docentes al momento de utilizar la voz.

  • Abuso vocal, que incluye hábitos como chillar, vocalizaciones forzadas, hablar excesivamente, uso frecuente de un ataque vocal duro, excesivo aclaramiento de la garganta (carraspeo), inhalación de polvo de gis, y hablar de manera abusiva cuando los pliegues vocales se hallan en condiciones debilitadas por alergias.
  • Mal uso vocal, que es la manera incorrecta del tono y de la intensidad de la voz, utilización de la respiración y las cavidades de resonancia de forma incorrecta.
  • Posturas inadecuadas para la emisión de la voz.
  • Generalmente tener tensión muscular en la zona del cuello, mandíbula y cavidad oral.

Por otro lado el CIL, hace sugerencias y recomendaciones para el uso correcto de la voz.

  • NO carraspear y toser con frecuencia. Mejor bostezar para relajar la garganta, beber agua a menudo.
  • NO gritar, chillar, o tratar de hablar por encima del ruido ambiental. Mejor encontrar formas no vocales de mantener la atención de los alumnos, como palmas, silbidos, llamar con un instrumento.
  • NO tensar los músculos, de la cara, cuello, hombros y garganta. Mejor evitar tensar o apretar los dientes, la mandíbula o la lengua durante la fonación.

Por lo anterior, creemos que se debe trabajar para la incorporación de las técnicas adecuadas en el manejo de la voz en la formación del maestro, pues es el docente  un profesionista con un papel fundamental en la sociedad, al ser uno de los más importantes transmisores de conocimientos y valores en la población. De ahí la necesidad imperante de que cuenten con todas las herramientas necesarias para desarrollar su actividad de una mejor manera, pero sobre todo, proteger y potencializar con las que ya se cuentan, como la voz.

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