Los pendientes de la reforma educativa: algunas consideraciones para una política de la identidad docente.

En la actualidad el sistema educativo está en un proceso de cambio y reconstrucción. Con la anterior reforma educativa se han  empezado a generar los mecanismos de evaluación y desarrollo profesional de los docentes, lo que en teoría lleva a un mejoramiento de la calidad educativa. Sin embargo lo que hasta el momento se ha ignorado es el profundo cuestionamiento que estos procesos de reforma han causado en actividad e identidad profesional de nuestros profesores.

Es importante tomar en cuenta esta dimensión, pues la implementación efectiva de la reforma depende en gran medida de que los docentes la interioricen y se apropien de ella. En la medida en que sólo se cuestione y se castigue la labor de los docentes, la reforma apenas tocará aspectos superficiales de la realidad educativa. Es necesario, entonces, generar una política educativa que incluya la realidad subjetiva de los actores a los cuales va encaminada.

Para generar una política inclusiva no basta con un reconocimiento discursivo del trabajo de los docentes para luego ser negado en la práctica; tampoco sirve hacer de los docentes los responsables de todos los fallos del sistema educativo cuando existen otros factores de peso; e igual de insuficiente es pensar en los docentes como víctimas del sistema cuando ellos son una parte importante y responsable del mismo. Las acciones políticas tienen que ir encaminadas hacia la inclusión y el reconocimiento del trabajo docente si se quiere generar una reforma de fondo que tome en cuenta la complejidad de la realidad que pretende transformar. Para ello es necesario que se haga una política integral atendiendo por lo menos los tres siguientes puntos:

1.- Formación profesional:

La formación de los docentes está orientada hacia dos polos distintos: el disciplinar que consiste en generar una maestría en conocimientos; y el pedagógico, orientado al aprendizaje de métodos de enseñanza. Se ha hecho evidente que el perfil de egreso de los nuevos maestros no es del todo satisfactorio para atender las demandas de la educación y que una reforma en los contenidos y métodos de enseñanza desde la formación inicial es necesaria.

Sin embargo, más allá de un cambio en los procesos para la formación de los docentes, es necesario tomar en cuenta que para reafirmar la profesionalidad y la integridad de los mismos la reforma tiene que partir de los docentes que tenemos y no de los docentes que queremos. Para que la reforma tenga éxito es importante que las nuevas competencias se asienten en las concepciones y representaciones del oficio por parte de los docentes, es decir que estos mismos le den un sentido que vaya más allá de una obligación programática.

Si ante las exigencias de la sociedad es necesario que los docentes adopten nuevos roles y por lo tanto aprendan nuevas competencias es importante partir del reconocimiento y subsecuente ampliación de sus saberes profesionales, no de la negación y cuestionamiento de los mismos. De ahí que se parta de una adaptación y resignificación de la experiencia previa de nuestro magisterio en lugar de una ruptura. Una formación que se plantea como un “reciclaje” de los maestros para satisfacer los estándares de una evaluación sólo contribuye a agudizar el malestar de los docentes y no genera los cambios sustantivos necesarios para mejorar la calidad de la educación.

2.- La docencia como colectivo:

Es importante también que el profesorado sea tomado en cuenta como un cuerpo colectivo y no como un cumulo de individuos. Tal cual está planteada la reforma la relación entre la SEP y los profesores se da de manera más individualizada, poniendo a los últimos es una situación de vulnerabilidad laboral y profesional.

Es necesario fomentar la organización colectiva de los profesores en estructuras de relación profesional, lo que va a permitir que los últimos reafirmen su identidad profesional y encuentren mayor satisfacción en el desarrollo de su práctica docente. Es importante la creación de asociaciones de profesores, colegios profesionales y redes de escuelas que permitan un intercambio amplio de conocimientos y un mutuo reconocimiento profesional. Además el fortalecer la figura del maestro como colectivo, en lugar de desmeritarla y fraccionarla, puede permitir que los docentes pasen a tomar un papel más dinámico y proactivo, por lo tanto menos defensivo, en los procesos de cambio y restructuración del sistema educativo.

La idea con esto no es generar agrupaciones controladas desde un poder central, es potenciar la sociedad civil en un buen sentido, de tal forma que los profesores puedan intervenir significativamente en el mejoramiento de los procesos de la enseñanza, y no queden como meros receptáculos y reproductores de programas impuestos desde afuera.

3.-La Integración de otros sectores de la población:

En la sociedad contemporánea es cada vez más complicado que la familia se involucre de lleno en los procesos educativos. Esto se debe a situaciones de carácter principalmente económico por lo cual los padres se ven impedidos  para participar de forma más activa  en la educación de sus hijos. Es natural que con respecto a la labor educativa, la escuela y los docentes se vean sobrecargados de funciones y que aparezcan como los únicos responsables del fracaso educativo.

Es necesario generar mecanismos que vuelvan a articular de manera efectiva a los distintos actores que intervienen en el complejo procesos de educación, especialmente que en las escuelas se generen mecanismos que involucren a los padres de familia, demarcando límites claros de participación, permitiendo un trabajo coordinado entre estos, la autoridad educativa y los docentes mismos.

Lo anterior es un objetivo bastante complicado, pues como ya se señaló, intervienen factores ajenos al sistema educativo que son difíciles de regular. Es difícil que se vuelva a acotar la actividad docente para lo estrictamente escolar y lo es todavía más involucrar a los padres de familia sin que eso suponga una ruptura o un cuestionamiento a la autoridad educativa. Ante ello los docentes tienden a redefinir su propio papel como educadores y es necesario que  la sociedad los reconozca en sus nuevas funciones, cooperando en la medida de lo posible y que la autoridad provea de los mecanismos y herramientas necesarios para que la labor del magisterio se realice de manera óptima y efectiva.

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