El origen sindical de la expropiación petrolera.

En 1938 llegó a su clímax un conflicto de intereses que se manifestó en lo que hoy se conoce como la Expropiación Petrolera. Fecha particular del calendario cívico mexicano, la expropiación que hizo el general Cárdenas de las compañías petroleras (en su mayoría de capitales estadounidenses, ingleses y holandeses), implicó para el Estado Mexicano el control de una industria estratégica y marcó la defensa de la soberanía ante intereses empresariales e imperialistas.

Aunque podemos rastrear los orígenes de la “cuestión petrolera” en los albores del siglo XX, cuando Porfirio Díaz dio títulos de propiedad a diversas compañías petroleras, la expropiación de 1938 tiene un origen inmediato en un conflicto de carácter sindical.

Coyunturalmente, este conflicto obrero-patronal se enmaraña por un lado, con las reformas constitucionales respecto a la propiedad del subsuelo y de la tierra, que ocasionó disputas diplomáticas por la retroactividad de la ley –en particular los artículos 27 y 123 constitucionales- entre el emergente Estado mexicano y los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos, primordialmente. Por otro lado, se enmarca en la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, y el papel e importancia de México como proveedor de hidrocarburos.

Desde 1909 cuando la Compañía El Águila obtuvo registro en México, el trabajo en la industria petrolera estuvo dividido entre trabajadores nacionales, que usualmente radicaban cerca de terrenos de las compañías, y trabajadores extranjeros, mayoritariamente técnicos que llegaban a México desde sus países para ser coordinadores y directores de la actividad industrial. Los trabajadores extranjeros ganaban en promedio el triple que los trabajadores mexicanos, sin contar las prestaciones. La homologación de pagos fue una demanda laboral de los trabajadores mexicanos.

Tras los tratados signados por Obregón (1923) y por Calles (1927) avanzó a cuentagotas la regulación de la industria petrolera. Una mayor carga impositiva y la imposición de un salario mínimo en esa rama productiva tensaron la presidencia de Abelardo Rodríguez con Inglaterra, Holanda y Estados Unidos. En compensación, el baja californiano concedió alrededor de quince mil hectáreas entre Tabasco y Veracruz a El Águila para exploración y explotación de nuevos pozos.

Cuando Cárdenas asumió la presidencia, impulsó aumento al salario mínimo petrolero, política que fue considerada de discriminatoria por las compañías afectadas. También retiró una concesión importante a El Águila, y decretó que los derechos de explotación se cobrarían retroactivamente. La relación de las compañías y sus gobiernos con el gobierno mexicano volvió a tensarse y no se destensaría hasta iniciada la Segunda Guerra. Mientras tanto, en el periodo 1935 a 1938, el gobierno buscó reordenar la estructura económica del país mediante una industrialización y también buscó controlar la industria mediante el control de los trabajadores y sus sindicatos.

Los trabajadores petroleros habían intentado organizarse desde la lucha armada y los distintos gobiernos tuvieron fluctuaciones respecto a esos intentos. Carranza había suprimido la importante huelga de Tampico en 1919, Obregón y Calles mediaron los conflictos con una tendencia a favorecer los intereses de las compañías sobre el de los trabajadores. Fue hasta 1936 que con el impulso cardenista a la sindicalización de las ramas productivas que se unieron los diversos sindicatos locales de petroleros en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) que de inmediato entró en la Confederación de Trabajadores de México.

La fundación del STPRM obligó a las corrientes sindicales a perfilar un contrato colectivo único que acogiera a todos los trabajadores, independientemente de en cuál compañía trabajasen. El trabajo fue presentado el 3 de noviembre de 1936 y uno de los puntos principales demandaba un aumento salarial que nivelara la remuneración de los nacionales con los extranjeros, el desembolso de este aumento sería un anual aproximado de 114 millones de pesos. Aunque era una demanda exagerada, el STPRM planteó desde ahí comenzar la negociación con las patronales.

Ante el desdén de las empresas a las demandas de sus trabajadores, Cárdenas dio un espaldarazo al sindicato cuando declaró que las empresas deberían pagar conforme a sus posibilidades. Esa flexibilidad fue desdeñada por el capital petrolero que a inicios de 1937 se declaró insolvente.

1937 vio el aumento de tensión en el conflicto, el STPRM hizo un paro laboral que produjo el desabasto de combustible en el país. Posteriormente emplazó a una huelga general. Mientras el Sindicato y la patronal llevaban el conflicto a las instancias pertinentes, como la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) o la Suprema Corte, las compañías ejercieron presión en la prensa escrita contra lo que consideraban un asedio a las inversiones y el capital por un gobierno dictatorial.

Esa postura se enardeció cuando la JFCA dictaminó que sí era posible para las compañías “aumentar los sueldos y prestaciones hasta 26 millones”, casi el doble de lo que estas estaban dispuestas a otorgar. Las empresas desacreditaron el dictamen, pero accedieron a una convención obrero-patronal bajo supervisión del Departamento del Trabajo.  En abril presentaron una contrapropuesta, que fue rechazada por el STPRM e inició una huelga el 28 de mayo. Culminada ésta, las tensiones siguieron, en particular en lo referente al aumento salarial y al pago de salarios caídos.

En un segundo fallo, la JFCA corroboró su primer dictamen el 18 de diciembre de 1937. Esta vez las empresas dijeron ser víctimas de denegación de justicia y entraron en desacato de la ley mexicana. El 29 de diciembre buscaron ampararse ante el laudo de la JFCA y buscaron protección de sus representaciones diplomáticas, argumentando la falta de garantías para con el capital y esgrimiendo en la prensa que los trabajadores de ese ramo eran los mejor pagados en el país. Su fuerza económica se manifestó en diversos desplegados y pasquines en contra del gobierno.

En el primer bimestre de 1938 la CTM y el STPRM buscaron la forma de intervenir en las propiedades de las compañías. Ante tal posibilidad, las empresas desgastaron el debate con el desacato a las resoluciones de las autoridades laborales mexicanas. Confiaban en que el gobierno no podría más que intervenir temporalmente a las empresas y que la misma presión comercial lo obligaría a devolverlas, so pena de que México se ahogase en su propio petróleo. Calcularon mal.

El 10 de marzo las empresas fijaron una nueva oferta en 20 millones de pesos, el sindicato y el gobierno mexicano la rechazaron. El STPRM solicitó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación dar por terminado el contrato colectivo (de apenas un año) con las empresas. El corporativismo mexicano hablaba en su representación monolítica, en defensa de sus trabajadores. El gobierno declaró a las compañías petroleras en rebeldía y decretó su expropiación el viernes 18 de marzo de 1938.

La inminencia del conflicto bélico en Europa y la posibilidad de que Cárdenas siguiera abasteciendo de hidrocarburos a las potencias del Eje (como lo hizo tras el boicot de distintos países al petróleo mexicano), disuadieron a ingleses y estadounidenses de mantener la confrontación. No podían arriesgar una intervención contra Cárdenas por el riesgo de que a su caída se alzara el fascismo en México, así que pese a las presiones de sus empresas, los gobiernos inglés y estadounidense se sentaron a negociar los montos de la indemnización. El acuerdo final llegó en 1947.

Con el tiempo el petróleo mexicano dotó de un ingreso regular al Estado. Incluso varias décadas después se habló de la petrolización de la economía mexicana. La efeméride pasó como un acto de nacionalismo y se redujo a las acciones del presidente. A 76 años de la expropiación, nuevamente está el petróleo en el debate nacional. Las recientes reformas plantean cambios en el papel de PEMEX dentro de la economía mexicana y también acotan el papel de los trabajadores en las tomas de decisión.

Hoy, pese a que el futuro de la industria petrolera mexicana y sus trabajadores presentan varios retos no está demás celebrar que, a la par del aseguramiento de un recurso estratégico para el Estado mexicano, fue la organización sindical de ese ramo quien durante una buena parte del conflicto, luchó por salarios justos y una mejor calidad de vida de sus trabajadores.

Bibliografía.

Aguilar Camín, Héctor, y Lorenzo Meyer, A la sombra de la Revolución Mexicana, México, Cal y Arena, 2008.

Basurto, Jorge, El conflicto internacional en torno al petróleo de México, México, Siglo XXI, IIS- UNAM, 1976.

Gojman de Backal, Alicia, La expropiación petrolera vista por la prensa mexicana, norteamericana e inglesa (1936-1940), México, PEMEX, 1988.

Meyer, Lorenzo, México y Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, Colmex, 1968.

Meyer, Lorenzo, “Los petroleros británicos, el nacionalismo mexicano y el gobierno de Su Majestad”, en Miguel Wionczek (coord.), Energía en México. Ensayos sobre el pasado y el presente, México, Colmex, 1982.

Silva Herzog, Jesús, Historia de la expropiación de las empresas petroleras, México, Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas, 4ª edición 1973 (1ª de 1943).

One comment

  1. Gaspar Vences Jaime · · Reply

    Aquí, está un ejemplo claro que el origen del sindicalismo mexicano es a partir de los principios pos revolucionarios, es un proceso que se va gestando de manera paulatina en una nueva nación.
    La lucha petrolera es un ejemplo claro para no tropezar más en el camino, los extranjeros sortearon su suerte; si la segunda guerra favoreció la expropiación y el fortalecimiento de nuestra nación, al mismo tiempo, sin darnos cuenta favoreció en el fondo a unos cuantos y no como se esperaba.

    Veamos las demandas de los trabajadores, realmente fueron atractivas en salarios y prestaciones, pero, también justas a comparación de la percepción de los extranjeros. ¿Para la situación del país en ese momento histórico, era justo homologar y más sin pensar en invertir, sólo en explotar el recurso?

    Hoy, tenemos las consecuencias porque no pensaron bien para futuro, se abalanzaron cual muchedumbre enardecida, ávida para saciarse y nada más.

    La reforma energética se va a plasmar, tal cual, así como las que ya han pasado. Es nuestra esperanza que las reformas estructurales vayan encaminadas a fortalecer y consolidar nuestra soberanía, pero, también que sean el motor verdadero para el desarrollo integral de nuestro país en lo político, lo social, educativo, económico. Sería una quimera si sigue imperando la CORRUPCIÓN en todos los niveles del gobierno y nuestra sociedad.

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